La mujer pájaro y una modesta eternidad | PABLO MELICCHIO

La mujer pájaro y una modesta eternidad | PABLO MELICCHIO

$260,00

El inicio de esta novela está oculto. Una sucesión de espejos y sombras lo han atrapado. Lo que comienza puede ser el retazo de una memoria, un detalle del pasado, una pincelada inacabada. Un mensaje sin nombre. La causa está dicha sin embargo: son los enigmas de las mujeres.

En esta nueva novela de Pablo Melicchio todo comienza terrestre para volverse espiritual; el motivo podría ser el encierro, los ultrajes, la locura detrás de las paredes de la mente. O las canciones que componen la trama, el karma de lo que aún no se realiza, un intenso cadáver exquisito.    

El comienzo es modesto: es la eternidad. ¿Y cómo no hacerlo? Pues se trata de una historia de amor. Una. Varias. Unas dentro de otras. Unas solucionando las otras. Son los misterios del deseo. Una mujer pájaro será la guía de aquellos que quieran ir más lejos de sí mismos: los caminantes… nosotros, los lectores.

La letra de Pablo Melicchio nos transporta en una multiplicidad sólo aparente, ya que por momentos podemos despertar con una ligera lucidez y trazar la línea que va desde el boceto que San Juan de la cruz realizara en un trance místico, hacia el Cristo de Dalí, para acabar en la copia que María Marta, la artista plástica de este amor urgente, realiza a través de los años en Rafael. La pintura está presente en la tela y en la piel. En un Cristo muy particular, uno libre de dolor. Es un recuerdo absoluto, que no sirve, porque carece de la presencia de los días, aquella que sí puede darle Carolina. Salvo que ella quede atrapada también. Que Rafael no se decida. Que el tiempo explote y haga que todo lo que continúa se detenga. Que el dolor quede en dolor. La locura, en su locura. Y el amor no se deslice. O tal vez todo cambie, y una ayuda paciente nos muestre la solución de esta vida. La mujer pájaro y una modesta eternidad entonces será un recorrido valioso para salir de lo más terrible de los días, plenos de esa nada que corrompe hacia algún lugar que no carezca de un destino mortal, que siempre es un principio.