La muerte como cifra del deseo | MIRTA PIPKIN

La muerte como cifra del deseo | MIRTA PIPKIN

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¿Es posible para el psicoanálisis desviar un destino trágico?, nos preguntamos al finalizar el libro. Estas líneas, escritas justamente après coup, a la manera como escribe el psicoanálisis, en ese tiempo no lineal del inconsciente, no pretenden comunicar anticipadamente la conclusión a la que esa pregunta lleva, sino que no pueden no escribir lo que insiste hasta el final. Ahora bien, que la muerte implique un imposible - la posibilidad de su representación - no ha impedido el vano intento del hombre por significarla, cuestión que en realidad termina más bien aportando sentido a la vida. Del mismo modo, el fenómeno del suicidio comparte algo de ese imposible, en un acto en el que por más que se pretenda descifrar los motivos que llevan a un sujeto a realizarlo, este no esta allí para que se lo interpele. El hombre no tiene la libertad de elegir su nacimiento, en cambio, en la muerte, cualquiera sea la forma de su ocurrir, se juega una cierta tensión entre la libertad y la responsabilidad. La teología, en su intención de significar a la muerte, encuentra su sentido en la muerte después de la muerte. Es lo que San Agustín denomina segunda muerte, promesa de inmortalidad con dos "opciones": el paraíso de los bienaventurados, o bien, la eterna pudrición. Sade, por el contrario, concibe a esta instancia posterior a la muerte biológica, como la aniquilación de todo rastro de humanidad. En su argumento solo tiene valor de verdad el fantasma de tortura eterna, que únicamente la misma muerte puede interrumpir. Es recién Lacan quien va a atribuir a la segunda muerte una significación que no es ni promesa de inmortalidad ni desaparición de toda marca, sino que, al situarla en su anterioridad lógica antes de la muerte biológica, la reubica en el único registro posible, el del significante. A la pregunta entonces, de si es posible desviar un destino trágico - sea éste sacrificial o causado por un horror devastador - antes de lanzarnos con prisa hacia una conclusión, preferimos ofrecer el texto al lector como una pausa necesaria, un intervalo que habilite el tiempo de comprender, de desentrañar la compleja relación entre la libertad y la responsabilidad subjetiva que se juega en el acto de terminar con la propia vida. (Extraído del prólogo).