El saber al banquillo | MARCELO MAZZUCA

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Clínica de los discursos en psicoanálisis

Que la praxis llamada psicoanálisis es una práctica de discurso resulta evidente, y eso desde sus primerísimos pasos. Que tiene como campo al deseo y como designio al amor, también, cosa que Lacan subrayó al leer al Sócrates de Platón con el prismático de Freud.

Los síntomas histéricos, estigmas pero también marcas que señalizan el cuerpo, fueron el punto de partida de una forma particular de lazo social que sólo se estableció realmente a partir del momento en que el clínico (primero J.-M. Charcot, a través de la mirada; y luego S. Freud, interponiendo primero la escucha) se decidió a prestarles atención y a intentar decodificarlos. De ese modo, hace más de un siglo, los dolores histéricos oficiaron de signos de un deseo en conflicto y por eso también de una satisfacción molesta. Se convirtieron en demandas de amor e hizo su entrada en el mundo la cuarta de las profesiones imposibles: el oficio de “hacer desear”.

Fragmentos del prólogo